El estrés oxidativo es un desequilibrio entre la producción de especies reactivas del oxígeno y la capacidad del organismo para neutralizarlas mediante sistemas antioxidantes. Cuando se instala, contribuye al desgaste celular, lo que puede provocar una disminución de la energía, una recuperación más lenta y una piel menos radiante. A largo plazo, un exceso de estrés oxidativo puede provocar disfunciones más generales.
El objetivo no es eliminar totalmente la oxidación, que forma parte de los procesos normales del organismo, sino mantener un mejor equilibrio. Varias palancas actúan conjuntamente. Una alimentación variada y colorida aporta vitaminas y minerales esenciales. Un sueño adecuado mejora los mecanismos de reparación. La actividad física regular, a la intensidad adecuada, refuerza la adaptación sin sobrecargar el organismo. Por último, la gestión del estrés mental y emocional desempeña un papel importante, ya que influye en nuestro comportamiento y nuestra recuperación.

Medir los indicadores vinculados al estrés oxidativo en el marco de un enfoque preventivo le permite marcar el rumbo y tomar las medidas adecuadas. El chequeo le ayuda a priorizar lo que le resulta más útil, por ejemplo, aumentar determinadas ingestas alimentarias, repartir mejor sus esfuerzos a lo largo de la semana o incorporar momentos de respiración guiada.
El envejecimiento saludable no es una carrera de velocidad, sino una serie de ajustes razonables, repetidos a lo largo del tiempo. Si conoce mejor el estrés oxidativo, podrá tomar decisiones más informadas y preservar su vitalidad.
